El oleoducto saudí Este-Oeste quedó fuera de servicio como medida preventiva luego de varios ataques registrados el 10 de septiembre en las regiones de Riad y Medina, informó la agencia oficial Saudi Press Agency (SPA). El cierre, confirmado oficialmente el 11 de septiembre, afecta una de las principales rutas de transporte de crudo del reino hacia la terminal de Yanbu, sobre el mar Rojo.
La interrupción agrega presión a un mercado petrolero que ya enfrenta restricciones en otras rutas estratégicas. El sistema Este-Oeste permite a Arabia Saudita evitar el estrecho de Ormuz y conectar sus zonas productoras con una salida marítima alternativa. Por eso, su paralización puede obligar a reordenar cargamentos y aumentar la competencia por suministros disponibles en otras regiones.
Associated Press informó que funcionarios regionales estimaron un plazo de entre tres y cinco semanas para las reparaciones. Ese período todavía no constituye un plazo oficial definitivo. Rystad Energy calculó que por el oleoducto circulaban entre 2,6 y 4 millones de barriles diarios hacia Yanbu, un volumen que podría retirarse temporalmente del mercado si la interrupción se prolonga.
El impacto no se limita al Golfo. La combinación del cierre saudí con restricciones simultáneas en los corredores de Ormuz y Bab el-Mandeb puede favorecer una reasignación de cargamentos hacia crudos producidos en el Atlántico. En ese escenario, Sudamérica aparece como una posible fuente de oferta incremental.
Rystad identificó a Vaca Muerta, en la Argentina, como uno de los principales polos de crecimiento petrolero de la región. Sin embargo, la disrupción no implica por sí sola un aumento automático de las exportaciones argentinas. La posibilidad de capturar una mayor demanda dependerá de la evolución de los precios, los fletes, la compatibilidad de la calidad del crudo, la disponibilidad de transporte y la capacidad de evacuación y exportación desde la formación neuquina.
El episodio, por lo tanto, puede mejorar el posicionamiento relativo del crudo latinoamericano, pero el efecto concreto sobre la Argentina deberá medirse a medida que se conozcan la duración real del cierre, la respuesta de otros productores y la disponibilidad efectiva de barriles para los mercados internacionales.
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