Vaca Muerta atraviesa una etapa de expansión acelerada, marcada por un aumento de los recursos técnicamente recuperables y por un fuerte crecimiento de la producción. Sin embargo, el salto energético también plantea una pregunta estratégica: cómo convertir esa escala en más empleo calificado, proveedores nacionales e industria local.

El Gobierno nacional informó el 12 de agosto que una estimación elaborada por el Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG), con aval de universidades y organismos técnicos, elevó a 30.170 millones de barriles los recursos técnicamente recuperables de petróleo de Vaca Muerta. Según la información official, el cálculo implicó un aumento del 89% frente a estimaciones anteriores.

Doce días después, la Secretaría de Energía comunicó que la producción de petróleo de la formación alcanzó en julio los 643.100 barriles diarios. El volumen representó un crecimiento interanual del 26,4% y confirmó la magnitud que está adquiriendo el desarrollo de los yacimientos no convencionales en Neuquén.

El impacto excede al sector petrolero. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que la Argentina acumuló entre enero y julio de 2026 un superávit comercial de US$16.080 millones. Ese resultado ofrece un marco favorable para una actividad que puede aportar divisas, aunque por sí solo no permite medir cuánto de la expansión energética se traduce en producción industrial, empleo o participación de empresas locales.

La segunda etapa del desarrollo de Vaca Muerta depende, en buena medida, de esos eslabonamientos. La capacitación técnica, la disponibilidad de proveedores, la infraestructura, la logística y la capacidad de fabricación nacional aparecen como áreas centrales para ampliar el impacto económico de la formación. El desafío no consiste únicamente en extraer más petróleo, sino también en desarrollar capacidades que acompañen de manera sostenida ese crecimiento.

En esa dirección, el Instituto de Formación Técnica Vaca Muerta fue inaugurado en Neuquén el 18 de marzo de 2026. El centro proyecta capacitar entre 2.000 y 3.000 personas por año, una iniciativa orientada a fortalecer la formación de personal especializado vinculado con la expansión de la actividad.

La reconfiguración regulatoria del sistema de transporte de gas también reconoce un cambio estructural en los flujos energéticos asociado al crecimiento de Vaca Muerta. Esa transformación exige ampliar y adaptar la infraestructura para sostener mayores volúmenes y mejorar la integración del recurso con el resto del sistema.

Los datos disponibles confirman el salto en recursos y producción. La dimensión del efecto sobre el empleo y la industria, en cambio, requiere indicadores laborales y sectoriales específicos para ser cuantificada. Por eso, el próximo capítulo del desarrollo de Vaca Muerta no se definirá sólo por la cantidad de barriles extraídos, sino por la capacidad de la Argentina para convertir esa expansión en formación, proveedores e inversión productiva dentro del país.


Fuentes consultadas